No pocas veces, la música deja de ser un evento para convertirse en un refugio tangible, y el pasado sábado, la Sala París 15 de Málaga custodió la expectación contenida de un público abarrotado que necesitaba volver a mirarse a los ojos con Sôber.
A las 19:00h en punto, las puertas se abrieron para las entradas VIP, inaugurando esa franja íntima donde el engranaje se muestra al desnudo. Vivir la prueba de sonido, congelar el instante en el photocall de "Anandamida" y compartir miradas y palabras con la banda es un privilegio que reconecta al seguidor con la raíz humana de sus ídolos. Allí estaban Carlos Escobedo, Jorge Escobedo, Manu Reyes y Juan Sánchez, cuya incorporación ha encajado con una precisión quirúrgica en el ADN de la banda.
A las 20:15h, la atmósfera cambió de tono con Flores del Infierno. Con una puesta en escena desnuda de artificios innecesarios, la banda de la que pronto daremos buena cuenta, demostró que no necesita grandes lujos para sostener un proyecto con carácter. Derrocharon una profesionalidad inapelable y una simpatía genuina, dejándose descubrir y sorprendiendo a muchos de los presentes, dejando así el terreno preparado para la catarsis.
A las 21:00h, la oscuridad rasgó la sala y el concepto visual de "Anandamida" tomó el control. Comenzó a sonar “Mi Refugio” y el público rugió de una manera primal, pura y liberadora. La propuesta visual y un diseño de iluminación cargado de claroscuros y luces, nos obligó a la disciplina fotográfica a desafiarnos buscando la belleza exacta en medio de la tormenta cromática.
Sôber ofreció un recorrido orgánico por su vasta discografía sin llegar a sonar a nostalgia, dándole un aire de vigencia brutal. La banda fue hilando con maestría temas impepinables como "Una hora más", "Fantasma" o "La Araña", entrelazándolos con la rotundidad de "Oxígeno", el propio tema homónimo "Anandamida" o la contundencia de "Tic Tac" y "Superbia".
La arquitectura guitarrera de Jorge y Juan sonó robusta, esculpida sobre una base rítmica de hormigón armado y la
voz firme, madura y empática de Carlos. El show regaló hitos difíciles de
olvidar como el pulso rítmico en el
solo de Manu, toda una lección de elegancia, temple y potencia. La complicidad de trinchera en el combo
de “Eclipse” y “Estrella Polar”, que elevó la emotividad de la noche y donde Carlos
Escobedo se sumergió literalmente entre la multitud mientras lo acompañaba Raúl
Perona (vocalista de Flores del Infierno y compañero en Estado Puro), aportando una
sensibilidad magistral al pasaje. El duelo
de cuerdas entre Jorge y Juan escenificó el perfecto acople del
nuevo guitarrista; respeto por el legado y energía renovada. El estallido final tras apretar los
puños con “El Beso de Judas” y “Diez Años”, el bloque de bises fue un vendaval
con “Indestructible” y “Náufrago”, pero fue con “Loco” cuando la cordura saltó
definitivamente por los aires: Carlos, Jorge y Juan bajaron a tocar envueltos
por una marea humana en plena ebullición mientras Manu sostenía el pulso desde
la tarima.
En una época marcada por el postureo, la prisa y la inmediatez efímera, lo vivido en Málaga fue un ejercicio de honestidad artística y conexión. Sin duda, el mordisco de Sôber fue voraz, certero e incontestable.
Para que un espectáculo de esta magnitud sea fluido y perfecto, hay una maquinaria oculta que trabaja en la sombra con un nivel de excelencia supremo, y de la cual, queremos dar buena cuenta: la gestión impecable de Edu, por facilitar cada paso del camino, por su templanza, su profesionalidad y por cuidar de nosotras con una calidez humana que marca la diferencia. La maestría de Alberto Seara (Flor) a la mesa de sonido, arquitecto indispensable del aire que respiramos en cada show y pieza vertebradora de la contundencia de la banda.
Desde Rojo Sostenido, solo nos queda rendirnos ante el respeto y el cariño mutuo. Queremos dar las gracias de corazón a la banda —Carlos, Jorge, Manu y Juan— y a todo su equipo por la confianza renovada en nuestro altavoz. Gracias por hacernos sentir una parte más de la expedición, por abrirnos la puerta trasera de la trinchera y dejarnos vivir desde dentro las tripas de una maquinaria que sigue haciendo historia.
Sôber ha vuelto a demostrar que las pieles se mudan, pero que la distorsión, la elegancia y la verdad permanecen. Todo nuestro respeto a una de nuestras bandas insignia. Seguiremos ahí, en la línea de frente, contando la historia con la misma pasión con la que vosotros la escribís sobre las tablas.








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