Rufus T. Firefly hechizó la Sala Berlín de Almería con un concierto de alto voltaje emocional y una producción envolvente. La psicodelia se hizo carne. El pasado sábado, la Sala Berlín de Almería se convirtió en una cápsula atemporal, un planeta flotante entre luces de colores, humo y melodías hipnóticas. Rufus T. Firefly llegaban con un único propósito: regalarnos “Todas las cosas buenas”. Y lo lograron. Lo que se vivió fue más que un concierto, una ceremonia sonora, íntima, cósmica , tejida con hilos de sintetizadores, rock, pop atmosférico y la inconfundible voz de Víctor Cabezuelo , arquitecto de un universo musical que ya es leyenda viva en el panorama independiente español. El ambiente fue, desde el primer minuto, absolutamente envolvente . Un mar de niebla escénica y luces mutantes —del amarillo cálido al rojo sangre, pasando por azules eléctricos y verdes— dibujaba un paisaje visual a la altura de la propuesta sonora, pero retándonos a los fotógrafos. Lo cinemático...
La música es ese lugar donde todos nos encontramos alguna vez